Tu corazón palpitante estremecía de sosiego mi alma, de ternura, tu respiración me transportaba, quietamente, al paraíso donde habita la dulzura. En tu abrazo me hice, me compuse, otro hombre nació, cuerpo con cuerpo, las raíces profundas, en la tierra, y la sabia que sube nutre un sueño. Te miré como si viera por primera vez la obra divina y mi alma se abrió, frente a tus ojos, y acepté tu alma como acepto el nuevo día. Instantes eternos, mágicos, serenos, donde no hay pasado ni futuro incierto, conectado al presente, aquí y ahora, sin esquemas, sin miedos, sintiendo.
Daniel Cabeza - “Dani Ka”